TX Nefario - шаблон joomla Форекс

Eficiencia energética una estrategia necesaria

A los microempresarios de Medellín les sobran las ganas de trabajar, pero carecen de algunas estrategias para ser más competitivos en el mercado, entre ellas la de tener consumos de energía más eficientes.

Malas prácticas de consumo, desconocimiento de procesos de mejoramiento de calidad en la producción, inadecuado mantenimiento de equipos eléctricos, de gas y de redes internas, y precariedad de las instalaciones, conducen a esas pequeñas empresas a incurrir en altos costos, así como a poner en riesgo la supervivencia de la empresa y sus trabajadores, y a generar peligro para el vecindario donde están ubicadas.

A esas conclusiones llegó una investigación interdisciplinaria integrada por profesionales de la Ingeniería, las Ciencias Sociales y las Ciencias Administrativas, pertenecientes a cuatro grupos de investigación: Grupo de investigación y Manejo Eficiente de la Energía (GIMEL) y Grupo de Ciencia y Tecnología del Gas y Uso Eficiente y Racional de la Energía (GASURE), de la Universidad de Antioquia; y el Grupo de Investigación en Tecnologías Energéticas (GITER) y el Centro de Estudios Ciudad de Medellín (CECIM) (en la actualidad Grupo de Materiales Avanzados y Energía y Grupo de Ciencia, Tecnología, Sociedad e innovación (CTS+i), respectivamente), del Instituto Tecnológico Metropolitano.

El proyecto, iniciado en octubre de 2009 y finalizado en junio de 2011, tuvo como objetivo establecer líneas de innovación tecnológica y un modelo sostenible de gestión energética que aportara a las microempresas de la ciudad soluciones prácticas y económicas.

El reto era grande, pues se trataba de buscar, a través de varias pruebas piloto, soluciones concretas para cerca de 95.000 pequeñas empresas que hay en la ciudad, ubicadas en su mayoría en barrios de bajos ingresos y generadoras de alrededor del 50% del empleo de la capital antioqueña.

La conclusión general fue clara: si hubiese un uso racional de la energía, un pequeño empresario podría ahorrarse en promedio un 30% en la facturación mensual, lo que redundaría en mejores ingresos y en mejoras de su calidad de vida y la de sus empleados. Pero, ¿qué debe hacerse para lograr esos ahorros?

El trabajo de campo arrojó hallazgos en el área socioeconómica, entre ellos la informalidad empresarial y laboral, así como el bajo nivel de educación formal de propietarios y empleados, que a duras penas alcanzan en su gran mayoría el nivel secundario. Los investigadores consideran que acciones puntuales y un cambio cultural en ese sentido generaría comportamientos adecuados en relación con el consumo de energía.

Para aportar en esa formación, diseñaron, imprimieron y distribuyeron una cartilla titulada Don Próspero: Las 21 claves del microempresario exitoso que hace uso eficiente de la energía, a través de la cual ofrecen consejos prácticos para conseguir mayor eficiencia energética.

En cuanto al área técnico-tecnológica, se observó que buena parte de las microempresas poseen equipos de refrigeración, el principal foco de consumo de energía eléctrica. En ese sentido, sugirieron que hacerle mejoras a esos artefactos a partir de innovaciones tecnológicas, que generaría mayores ahorros en el consumo.

Otros equipos como las estufas de leña, muy utilizadas en algunas microempresas, así como los quemadores de gas, que son de mayor uso en los procesos de cocción de alimentos, podrían mejorarse con técnicas adecuadas de innovación para hacerlas más eficientes y amigables con el medio ambiente.

Otros aspectos susceptibles de mejorar son las pésimas condiciones de iluminación de los lugares de trabajo, donde además se emplean bombillos tradicionales, sustituibles por tubos o bombillería ahorradora de energía; así como las deficientes instalaciones eléctricas, que no sólo elevan el consumo sino que generan riesgo de accidentes. Una intervención oportuna y adecuada disminuiría las pérdidas de energía.

En conclusión, el éxito en alcanzar la eficiencia energética en las microempresas implica que tanto propietarios como empleados introduzcan cambios en sus prácticas productivas y culturales, que garanticen un equilibrio sostenible, económica y medioambientalmente, entre costos y beneficios de la energía. Los investigadores recomiendan que para lograr ese propósito se requieren apoyos de una sólida red de actores públicos, privados y comunitarios.

 

JUAN DIEGO RESTREPO

Para EL TIEMPO